viernes, 11 de abril de 2008

El maestro Onetti

Juan Carlos Onetti, uno de los grandes maestros de las letras hispánicas, nació en Montevideo y vivió algunos anos en Buenos Aires. En 1939 entro como secretario de redacción en el semanario Marcha. En este medio, desde la columna La piedra en el charco, que firmaba como Periquito el Aguador, expreso su convencimiento de que no había «una literatura nuestra, no tenemos un libro donde podamos encontrarnos.

Puesto que «estamos en pleno reino de la mediocridad», se hacia necesario un escritor capaz de volver la espalda a un pasado artístico irremediablemente inútil. Su relación con las letras es radicalmente distinta a la del realismo social de las generaciones anterior y posterior, pues Onetti considero que el único compromiso del escritor era escribir bien y mejor».
Con su novela Empozo, piedra fundacional de la narrativa hispanoamericana contemporánea, dio comienzo a una literatura urbana de dimensión universal.



En 1951 apareció Un sueno realizado y otros cuentos, y en 1943 la novela Para esta noche. A partir de La vida breve (1950), su personaje Braceen se traslada a Santa Mariah, ciudad ficticia que ira creciendo en historias y personajes en los libros siguientes. Posteriormente publico Los adioses (1954), Para una tumba sin nombre (1959) y La cara de la desgracia (1960).

En 1961, El astillero dio una nueva profundidad a su labor creativa. Le siguieron Tan triste como ella (1963) y Juntacaddveres (1965). Los personajes de Onetti, cargados de rencor o desaliento, se empeñan en ser otros por medio de la fantasía, se corrompen progresivamente y alimentan en su pobreza empresas inútiles que consideran grandiosas.



Tras haber publicado La novia robada (1968), La muerte y la niña (1973) y Tiempo de abrazar (1974), Dejemos hablar al viento (1979) le trajo la consagración de la critica europea, y en 1980 recibió el Premio Cervantes. Cuando entonces (1987) y Cuando ya no importe (1993) cierran el ciclo onettiano.

martes, 8 de abril de 2008

Herrera y Reissig y la lirica de principios de siglo

En el ámbito de la poesía sobresale el nombre de Julio Herrera y Reissig (1875-1910), uno de Las grandes liricos de la lengua española. Autor de depurados versos modernistas, bautizo su legendario cenáculo literario con el nombre de la Torre de los Panoramas, pues las reuniones tenían lugar en un pequeño altillo con vistas al mar sito en su casa de Ituzaingo y Reconquista, en Montevideo.

Herrera y Reissig descubrió a Charles Baudelaire y a Leconte de Lile y abandono sus primeras versificaciones patrióticas románticas para entregarse al simbolismo y al decadentismo, al tiempo que cultivaba la acracia intelectual, el esteticismo y el exotismo.



En el Montevideo provinciano de aquellos años, que Roberto de las Carreras llamo tolderías de Montevideo», sus composiciones fueron recibidas con aversión, aunque para sus contemporáneos lo mas grave en el no eran sus versos sino sus extravagantes ideas.

Herrera y Reissig había declarado con osadía: «me arrebujo en mi desdén por todo lo de mi país». Para cambiar su afección cardiaca hacia uso de la morfina, y promovió el escándalo con una foto suya, jeringa en mano, con la leyenda «los mar-tirios de un joven poeta aristócrata». En vida publico Canto a Lamartine (1898) y Los peregrinos despiedra (1909), aunque sus mejores libros fueron póstumos: Los éxtasis de la montana, Los parques abandonados, Ópalos, y los poemas satánicos Desolación absurda y Tertulia lunetica.

El nativismo

El único atisbo de vanguardia fue el nativismo, una literatura arraigada en la tierra y la vida campesina que dio continuidad a la literatura gauchesca y fue practicada por escritores que tenían experiencia en el medio rural. En poesía, el nativismo se distancio del modernismo por medio de un estilo sencillo, consistente en «remozar los metros sin llegar al prosaísmo» y «desarrollar un mensaje», según recomendaba Pedro Leandro Puche (1889-1976), uno de los máximos exponentes del movimiento.



Nació y creció en Treinta y Tres, y en sus obras evoca los dichos, personajes y acciones de pueblo. Sus primeros siete libros de poesía fueron reunidos en Caminos del canto, y entre los posteriores sobresalen Isla Patrulla y La quebrada de los cuervos. Otro autor destacado de esta corriente, Fernán Silva Valdés, (1887-1975), escribió los versos de Poemas nativas, que tuvieron gran resonancia. Asimismo, de Serafín José García (1908-1985) contenía siendo reeditada su obra Tacurúes, que ha pasado a formar parte del repertorio popular.

viernes, 21 de marzo de 2008

Testamento de Florencio Sanchez

Si yo muero, cosa difícil, dado mi amor a la vida, muero porque he resuelto morir. La única dificultad que no he sabido venere en mi vida, ha sido la de vivir. Por lo demás, si algo puede la voluntad de quien no ha podido tenerla, dispongo: primero, que no haya entierro; segundo, que no haya luto; tercero, que mi cadáver sea llevado sin ruido y con olor a la Asistencia Pública, y de allí a la Morgue. Será para mí un honor único que un estudiante de medicina fundara su saber provechoso para la humanidad en la disección cualquiera de mis músculos.

lunes, 18 de febrero de 2008

Juana de Ibarbourou

Nació en Melo el 8 de marzo de 1892 y fue inscripta con el nombre de Juana Fernández Morales. Su padre español y su madre uruguaya eran saravistas, y Juana, según se dice, era ahijada del general Aparicio Saravia. En su ciudad natal publico sus primeros poemas en el periódico El Deber Cívico. En 1913 se caso con el capitán Lucas Ibarbourou y al ano siguiente nació su único hijo, Julio Cesar.

Por la carrera de su esposo recorrió varios departamentos del interior hasta que en 1918 se instalo en Montevideo. Una vez en la capital envío sus poemas al diario La Razón donde se publicaron y frieron inmediatamente merecedores de elogiosas criticas. Al ano siguiente, apareció su primer libro Las lenguas de diamante, de imágenes sensuales y contenido marcadamente vitalista, algo inédito hasta entonces en una mujer.



Recibió múltiples premios y reconocimientos tanto en el Uruguay como en otros países de America y Europa a lo largo de toda su vida. Su mayor reconocimiento tuvo lugar el 10 de agosto de 1929 en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo de Montevideo, donde fue proclamada Juana de America. En dicho acto, presidido por el poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín, se le coloco un anillo, símbolo de su desposorio con America.



En 1938 se reunió en Montevideo con otras dos grandes poetisas americanas, Alfonsina Stern y Gabriela Mistral, en los Cursos Sudamericanos de Vacaciones, oportunidad en que hablo de su literatura. Murió en Montevideo el 15 de julio de 1979. Se destacan entre sus obras El cántaro fresco (1920), Raíz salvaje (1922), La Rosa de los vientos (1930), Chico Carlo (1944) (relato), Los sueños de Natacha (teatro para niños, 1945), Perdida (1950) y Juan Soldado (1971).

lunes, 11 de febrero de 2008

Pilares de la modernidad

A finales de la década de 1930, en el seno de las corrientes culturales renovadoras se impuso la subjetividad, lo irracional y lo onírico. En el ámbito político, el optimismo progresista había concluido debido a los fracasos de los gobiernos constitucionales, los efectos de la guerra civil española y la amenaza fascista en todo el mundo.


El escepticismo y la desconfianza comenzaron a dominar las conciencias intelectuales del país, y nuevas voces criticas se alzaron desde los medios de comunicación. Pero dentro de este clima se produjo un hecho fundamental para la intelectualidad uruguaya la aparición del semanario Marcha en 1939, que Carlos Quijano dirigiría durante mas de cuarenta anos. Esta publicación contribuyo a la revisión histórica y formo una nueva conciencia nacional desde el marco de las ideologías progresistas.


La literatura requería nuevos modos de expresión, y esa transformación se logro gracias a Juan Carlos Onetti (1909-1994) y Felisberto Hernández (1902-1964). Ambos maestros iniciaron su trayectoria rompiendo con la estética realista imperante hasta el momento. Mientras que los primeros textos de Hernández, publicados a finales de la década de 1920, solo despertaron interés en el filosofo Carlos Vaz Ferreira (no abra mas de diez personas en el mundo a las cuales le resultara interesante, y yo me considero una de las diez), Empozo de Onetti, editado en 1939, solo fue atendido por una reseña de Paco Espínola (hay «un estremecimiento nuevo en las letras uruguayas). El reconocimiento para cualquiera de los dos recién arribaría en la década de 1960.

viernes, 8 de febrero de 2008

Los cielitos de Bartolomé Hidalgo

Los temas mas significativos de la poesía gauchesca tienen que ver con la justicia social, y su propósito fundamental consistió en rescatar del olvido la figura del gaucho. Los poetas gauchescos descubrieron que un relato, narrado por un gaucho con su especial sistema de valores, resultaba gracioso ante el auditorio urbano. Con ese espíritu fueron escritos los numerosos diálogos de los autores gauchescos tardíos, quienes también cultivaron formas de lirismo criollo que se prolongaron hasta el final de la primera década del siglo XX.



Sin duda fue Bartolomé Hidalgo quien inicio el camino de la literatura gauchesca. Alberto Zum Fede considera en su Proceso intelectual del Uruguay que este poeta, que nació en Montevideo en 1778 y falleció en Argentina en 1822, «tiene en la historia de las letras platenses el merito singular de haber sido el primero que supo recoger de la guitarra del pueblo la estrofa nativa, dándole carta de ciudadanía literaria, no obstante ser, el mismo, un poeta culto, de origen y educación urbanas*.



Su primera composición fue la Marcha Oriental, a la que siguieron los famosos cielitos, de los que se conservan siete. En 1816 se represento por primera vez su obra teatral Sentimientos de un patriota, destinada a un solo actor. Hidalgo vivió en Argentina y en este país, en 1818, escribió los Diálogos y Relaciones, considerada su creación mas lograda, donde expresa su admiración por la insurrección de mayo de 1810 y a la vez presenta una visión crética de la emancipación.